N. 44 | Año XIl MAR-MAY 2018

QUADAINOS

Grupo de Reflexión Fernando Ortiz Letelier

DE EDUCACIÓN

Publicación Trimestral Gratuita ISSN 0719-0271

La derrota. electoral de la centroizquierda

Los individuos son entes comple- y Allende. Creció la desconfianza y jos y esa complejidad se traspasa as condiciones sociales propias del potenciada a la sociedad. Me ref-- modelo neoliberal impulsaron el in- ero aquí al conjunto de valores y dividualismo. El sálvese quien pueda

visiones de mundo que se manifi-- y el rascarse con las propias uñas

Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una re-

flexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros cole-

gas han estado preocupados por una prob- : E ! lemblicasinlarynanelabarsdotraba asalta: estan en la sociedad. Pero en ese fue simplemente una forma de su- esetales tamos braco decatahoja conjunto, lleno de contradicciones pervivencia. Pero el desarrollo del bienio Eon queste y matices, hay algunos que pre- individualismo no se frenó con el sind enduena dominan. Estas concepciones dom- término de la dictadura: por el con- dudosa córauediessaldebsts inantes forman el llamado sen- trario, se continuó desarrollando. La Prusia paa quedate tido común. Hay muchas enorme mayoría de la gente Alida iitates, deba hall tados ene evidencias de sentido piensa en mismo y en sus E Ao a común, acerca de los cercanos primero. A lo ana lpenldsdeyadaenes valores dominantes largo de la transición con climas raras eq: $ la actual sociedad la Concertación hubo stes nuendsa la untvaridas demaness chilena: el individual- un rápido crecimiento no funcional al actual modelo económico ismo es uno de ellos. económico, grandes ma- Esperamos gue eta publicaclóniseaóun A partir del golpe militar sas de gente pobre empezó aparte pata aulenes uimos: can epios y la implantación en Chile a salir, con gran esfuerzo, de la ame yes een délqueldegecun: del modelo económico y cultur- pobreza, y se empezó a advertir un versa y als lsmbién ell contelbiya al neoliberal, se empezó a debilitar fenómeno muy curioso: los pobres rápidamente el sentimiento solidario que salen de la pobreza se empiezan

a instalar en el ambiente académico una AS ] j Ñ y comunitario que se había desar- aidentificar con las clases acomoda-

rollado en una buena parte de la das: imitan sus comportamientos, su sociedad durante el período de Frei “cultura”, en particular los valores

discusión que permita resolver profundas

contradicciones que todavía se arrastran

desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

2 Cuadernos de Educación

individualistas que predominan en esas capas. Quienes vuelven del exilio después de varios años denuncian que con la dictadura se perdió el ambiente solidario que ellos vivieron antes del golpe de estado. En realidad en los gobi- ernos de la Concertación, ya fuera de la dictadura, se siguió desarrollando el egoísmo. Se transformó el sentido común hacia los valores del consumo: si yo quiero un auto mejor, tengo que pagar más ¿no es cierto? Bueno, lo mismo con la educación: si quiero un mejor colegio para mis hijos, tengo que pagar más. Esta manera de pensar pasó a imponerse como algo propio del “sentido común”. Sentido común que a derecha y los poderes fácticos han logrado hacer algo banal y cotidiano. Nos hemos transformado de ciudadanos que éramos en los consumidores que somos hoy. Pero hay otro aspecto en donde se observa el predomin- io del individualismo en nuestro país: el apoliticismo. En efecto, quien declara que la política no le interesa, significa que no le interesa la polis y que solo le interesa el entorno familiar o el círculo más cercano. El hecho que más de la mitad de los potenciales electores no hayan concurrido a votar, significa que la sociedad en su conjunto, no le intere- sa. Pero la cultura se va transformando a lo largo de la his- toria y a veces en forma muy rápida. Cada individuo es un

se trata de debilidad). No se supo defender con fuerza la orientación de las reformas. Le faltó responder con mucho énfasis (incluso con agresividad, diría yo) a las distorsiones y mentiras del sector de derecha. La debilitada arista soli- daria no fue defendida con la pasión necesaria. Es claro que la prensa nacional inflaba todo lo negativo y ponía todo el énfasis en las críticas de la derecha. Pero la heterogeneidad de la coalición condujo a que dentro de la misma surgieran las críticas más dañinas: hasta el mismo Mario Weisbluth, lo primero que hizo fue criticar con estridencia: “estoy en ab- soluto desacuerdo, no se debió haber empezado por ahí...” O bien la famosa crítica de los matices: la prensa desta- caba la crítica y la derecha la magnificaba y la distorsiona. Las respuestas a esas críticas fueron débiles, demasiado débiles. Resultó sorprendente para muchos que, al par de años de introducidas las reformas, las encuestas señalaban poco apoyo. No se defendieron con la fuerza necesaria. La famosa frase “las reformas están mal hechas”, eludía y obnubilaba el aspecto central de las reformas, su con- tenido básico, su orientación. La ignorancia, esta acción de os intereses creados, de los políticos de derecha que no querían que las cosas en Chile se transformaran, y aquellos que se habían acomodado con lo que había, más la flojera

manojo de tendencias, de voluntades y valores diferentes. A veces predominan unas y otras veces otras.

Sin embargo, las condiciones sociales, la acción de la políti- ca, los intereses de clase, van poniéndole leña a unas for- mas más que a otras. Fue sorprendente la irrupción de una arista solidaria en los jóvenes de enseñanza media y tam- bién universitaria: la educación como derecho social, no al pago ni al copago. La propagación de esta arista solidaria condujo a la elección de Michelle Bachelet en el 2013. De este modo se comenzó a hacer una serie de transforma- ciones importantes en la estructura social y económica del país, en la dirección hacia la solidaridad (en “la dirección correcta” diríamos nosotros; “la dirección equivocada”, dirían los grupos de derecha). Es en este aspecto donde aflora claramente la debilidad de la coalición Nueva May- oría y del gobierno (no se trata simplemente de errores:

mental de mucha gente hacía que no se buscara el sentido de las reformas y que se rechazaran porque estaban mal hechas. Al respecto habría que añadir que hubo un error de apreciación básico con respecto a la opinión pública que se expresó diciendo que: la mayoría de la gente es de centroizquierda. No. La base ideológica de la mayoría de a gente es neoliberal, individualista y manipulada por los valores que el gremialismo, los Chicago boys, y la dictadura han logrado imponer y mantener. Solo surgió una pequeña lama solidaria que se propagó hasta la elección de Michelle Bachelet. Pero la llamita de la cultura solidaria no se cuidó, y se fue apagando. Ahora han ganado terreno nuevamente a cultura del crecimiento económico, del arreglarse con las propias uñas, del yo-primero, en una palabra los patrones de la cultura neoliberal. Nuestra tarea será ahora encender nuevamente la llama de la solidaridad.

Cuadernos de Educación

Grupo de Reflexión Fernando Ortiz Letelier

www.cuadernosdeeducacion.wordpress.com

Publicación Trimestral Gratuita - ISSN 0719-0271

¿El arribo histórico de la naturaleza”? Marx, Gramsci y Pasolin1).

Pablo Aravena Núñez

Historiador Director del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad de Valparaíso

En el presente texto me propongo colocar en tensión un postulado fundamental de la crítica historicista y del pens- amiento de izquierda, postulado que se puede plantear en la siguiente tesis: la representación de las relaciones socia- les bajo la forma de leyes de la Naturaleza constituye la estrategia principal en la producción de hegemonía. Mien- tras los grupos dominantes y los dominados se encuentren en esta verdad del sentido común de una época, tendre- mos asegurada la reproducción de las mismas relaciones de dominación. Frente a esto el intelectual comprometido debe iniciar el desmontaje de dicha visión de mundo -la crítica de aquel consenso- para mostrar cómo lo que se nos presenta como natural en realidad ha sido obra tanto de la acción humana como de la contingencia, es decir de la historia. Provisto de este saber ahora se podría comprender de otro modo la realidad: entenderla “abierta” a la acción transformadora y al futuro. (Si el actual estado de mundo ha sido creado históricamente, entonces históricamente será transformado). Así la correcta comprensión da paso a una acción que ya no es pura reproducción de lo mismo.

Algunos ya reconocerán en esta síntesis apresurada unas ideas que van de Marx a Gramsci y más allá, de Lukacs a Benjamin o a Ernst Bloch. Pero ¿Por qué revisar hoy tal pos- tulado? ¿Han desaparecido las relaciones de dominación acaso? ¿Aquella operación crítica ya dio todo lo que podía dar? ¿Acaso la producción de hegemonía cultural -en plena era de los medios- no está a la orden del día? Claramente la dominación sigue existiendo, solo que ha cambiado con- siderablemente sus formas y métodos, y esto la hacer trans- formarse por completo, pues la dominación no es más que formas y métodos. Pero también parece haber cambiado -o estar cambiando a un ritmo acelerado- otro “elemento” del

postulado: lo que habíamos llamado hasta aquí “el hombre” o “la humanidad”. Y aunque hay buenos motivos para ale- jarse de inmediato de todo lo que a estas alturas se nos trate de vender con el prefijo “post”, pediría un momento de atención para detenernos en algunos aspectos de lo que se ha llamado hoy “lo posthumano”.[1]

Aquí mi propuesta es que vale la pena detenerse en ello, dado que muchos rasgos de la dominación que habitual- mente le achacamos al capitalismo, o al neoliberalismo, -y que por lo tanto damos por pasajeros... siendo cosa de cambiar el modelo- son además rasgos (pautas de com- portamiento, nuevas operaciones mentales y abandono de otras, etc.) que nos acompañarán por bastante tiempo, pues constituyen adaptaciones o respuestas a nuevos arte- factos y soportes materiales creados por el propio hombre (el ejemplo más habitual es el efecto transformador que tienen sobre nosotros los nuevos medios y tecnologías de la información). Puede sonar tremendista, pero basta con que nos representemos cómo es que esa tecnología que alguna vez fue la escritura generó nuevas relaciones socia- les y construyó lo que se conoce como “el sujeto moderno”.

Hemos entrado en un acelerado ritmo de cambio a este re- specto. La presencia a nivel íntimo de las nuevas tecnologías -lo que ha sido posibilitado por la economía de consumo- refuerza su eficiencia transformadora sobre nuestra anti- gua humanidad. Si todo esto es así -y me parece que hay buenas razones, como últimamente expresiones locales para considerarlo-, no solo se justifica la revisión del pos- tulado definido al comienzo, y con él la pregunta por el rol la crítica historicista hoy, sino también que se justifica pensar la pregunta por el modo de plantear la emancipación.

El objeto de este breve texto (brevísimo para problemas tan grandes) es tan solo promover la apertura a considerar la necesaria revisión de un planteamiento que hemos here- dado como “fundamento” quienes nos reconocemos dentro de la tradición emancipatoria.

El postulado

No hay historicismo sin humanismo. El postulado acerca de que nuestro orden social presente es “artificial” (artificio humano), y que por lo tanto es modificable humanamente no puede surgir sin que antes surja la idea de libertad hu- mana, sin la idea de un hombre que no es puramente crea- tura natural y que por lo tanto ya no se halla sometido a los designios y regularidades de la Naturaleza. En efecto en Grecia no surgió la historia hasta que no se inventó la idea de libertad en el contexto de la invención de las insti- tuciones democráticas de la Polis. Así mismo no surge la posibilidad del concepto moderno de historia sin las formu- laciones previas del humanismo italiano, que en su versión más radical postulaba la inexistencia de una “naturaleza hu- mana”. Así sostenía a fines del siglo XV Giovanni Pico della Mirandolla (condenado por herejía en 1488) en su Discurso sobre la dignidad del hombre:

“No te he dado ¡oh Adán!, ni un lugar determinado, ni una fisonomía propia, ni un don particular, de modo que el lugar, la fisonomía, el don que tu escojas sean tuyos y los conserves según tu voluntad y tu juicio. La naturaleza de todas las otras criaturas ha sido fijada y se rige por leyes prescriptas por mí. Tú, que no estás constreñido por límite alguno, determinarás por ti mismo los límites de tu natu- raleza, según tu libre albedrío, en cuyas manos te he confia- do. Te he colocado en el centro del mundo para que desde allí puedas examinar con mayor comodidad a tu alrededor qué hay en el mundo. No te he criado ni celestial, ni ter- renal, ni mortal ni inmortal para que, a modo de soberano y responsable artífice de ti mismo, te modeles en la forma que prefieras”.

Lo que se ha identificado usualmente como pensamien- to conservador o tradicionalista se aplica justamente a la negación de éste postulado antropológico. Para este tipo de pensamiento la libertad humana es más bien fruto de una comprensión errónea de la realidad: el hombre está determinado por su naturaleza, su pasado y las condi- ciones geográficas y climáticas que forjan en él un carácter, carácter que sería la expresión de un espíritu en común, que sería a su vez el sustento de la idea de nación (en su acepción pre-revolucionaria). La inteligencia de un gober- nante consistiría en descubrir las leyes que necesitan y calzan con un determinado carácter, de lo contrario la so- ciedad entraría en un proceso autodestructivo. (Véase por ejemplo los razonamientos de Montesquieu en El espíritu de las leyes)

En contrapartida los momentos revolucionarios de la mod- ernidad (en su mayoría burgueses) fueron también momen- tos discursivamente de un humanismo radical. Humanis- mo que solía extinguirse junto con el fervor del momento revolucionario para dar paso a alguna versión matizada de

determinismo. No otro es el origen de la idea de “ley de la historia”, forjada por el Partido Socialdemócrata alemán y que legitimó ideológicamente su traición a la revolución so- cial. Una caricaturización del pensamiento de Marx -tanto como los manuales- han ligado esta idea al “marxismo” (así, genéricamente, como solía hablar Popper). Pero en reali- dad es una idea absolutamente extraña al pensamiento de Marx y su filosofía de la praxis.[2] Sin ser precisamente un humanista, Marx ejerció una crítica radical a la aplicación de la idea de Naturaleza para dar cuenta de la humanidad y las realidades históricas. Así se puede leer por ejemplo en su Miseria de la filosofía (1847):

“Los economistas tienen una manera singular de proceder. Para ellos no hay más que dos clases de instituciones: las del arte y las de la naturaleza. Las instituciones del feudal- ismo son instituciones artificiales, y las de la burguesía son instituciones naturales. En lo cual se parecen a los teólogos, que establecen también dos clases de religiones: toda re- ligión que no es la de ellos es una invención de los hombres, al paso que su propia religión es una emanación de Dios. Al decir que las relaciones actuales -las relaciones de la producción burguesa- son naturales, los economistas dan a entender que son relaciones dentro de las cuales se crea la riqueza y se desenvuelven las fuerzas productivas con arre- glo a las leyes de la Naturaleza. Luego esas relaciones son, a su vez, leyes naturales independientes de la influencia de los tiempos; son leyes eternas que deben regir siempre la sociedad. De suerte que la Historia ha existido, pero ya no existe. Ha habido Historia, puesto que han existido in- stituciones feudales, y en esas instituciones se encuentran relaciones de producción enteramente distintas de las de la sociedad burguesa, que los economistas pretenden dar por naturales, y por lo tanto, eternas”.[3]

Consecuentemente, en La ideología alemana (1848), Marx funda la “ciencia de la historia” como una “ciencia total”. Todo es historia, y todo aquello que no se nos presente como histórico debe ser historizado. Sin este tipo de com- prensión no hay posibilidad de acción revolucionaria. Los hombres que así comprenden la realidad son los únicos capaces de emprender una acción histórica: la revolución. La historia es un saber revolucionario en tanto libera a los hombres de la idea de que están sujetados o determinados por unas fuerzas puramente externas. Así la ciencia de la historia se convierte en un saber garante de la historicidad humana, es decir, la historia es el saber que nos recuerda no solo lo pasado, sino que somos producto de ese pasado que construyeron otros hombres y que somos productores de un presente que será el pasado de otros hombres en un fu- turo. De esta manera el carácter crítico del saber histórico puede que comience como pura interpretación, pero sólo se realiza como acción transformadora. La historia es un sa- ber que despierta la potencia de la acción humana en cada presente. Es sobre este mismo atributo del saber histórico

que vuelve Gramsci a inicios del siglo XX en lo que conoc- eríamos después como sus Notas sobre Maquiavelo:

“La innovación fundamental introducida por la filosofía de la praxis en la ciencia de la política y de la historia es la dem- ostración de que no existe una naturaleza humana abstrac- ta, fija e inmutable (concepto que deriva del pensamiento religioso y de la trascendencia), sino que la naturaleza hu- mana es el conjunto de relaciones sociales históricamente determinadas, es decir, un hecho histórico verificable, den- tro de ciertos límites, con los métodos de la filología y de la crítica”.[4]

Es esta herencia la que recoge como fundamento el marx- ismo del siglo XX en sus variantes más interesantes. Pero también es este planteamiento crítico el que permitirá fundar un atributo principal del Sujeto moderno: su “con- ciencia histórica”, entendida como la capacidad de levantar y tramar con sentido un número cuantioso de datos de la realidad para trazar un plano de la acción futura con reales posibilidades de realización, articular la conciencia históri- ca era ser capaz de una caracterización de las estructuras subyacentes, o de la porción del pasado, que nos explica y determina a la vez, y que nos proporciona materiales para crear lo nuevo ajustado al límite de lo posible. Estamos en- tonces de lleno en el campo de la política, de la construc- ción de proyectos y estrategias, y no en la dimensión utópi- ca entendida como mero deseo de un futuro otro.

Como se verá se trata de una elaboración teórica de las más significativas de los últimos siglos, equivalente al giro co- pernicano planteado por Kant (de hecho son planteamien- tos que surgen por la misma época). Pero aquí nuestra hipótesis es que tal elaboración podría haber entrado en su fase de caducidad. ¿Por qué? Fundamentalmente por la no disponibilidad de a) la idea de hombre y b) la idea de mundo supuestas en el planteamiento historicista.

El historicismo descansa en una idea moderna de hombre, con la que creo ya no contamos -más allá si se estima de- seable o no. Esa idea se correspondía con la idea de Sujeto moderno, que se caracteriza por dos potencias: la razón, o su capacidad intelectiva, que gobierna su otra potencia: su capacidad de acción, la que transformadora la naturaleza. Es precisamente lo que queda plasmado muy temprana- mente en la iconografía moderna con la recurrencia al ojo y la mano: las dos capacidades que definen la humanidad moderna son la de su poder para penetrar intelectivamente la realidad y, con ese saber, volver sobre ella para construir un mundo a su imagen y semejanza.[5] Lo que planteo, por ahora, no es tanto que estas capacidades no sean posibles ya en el hombre, sino que han pasado a un estado de “la- tencia”, pero no por un cierto aletargamiento ideológico inducido, sino que desprendido de la verificación de una alteración de la composición y comportamiento del mundo.

Aunque la idea de mundo del historicismo asumía el carácter dinámico de la realidad, suponía implícitamente una veloci- dad más o menos estable de los cambios. La aceleración era excepcional y solo experimentable por o en la revolución, entendida ésta como “salto histórico” (la idea de que una revolución nos podía “ahorrar” siglos de historia). Pero hoy asistiríamos a un mundo en donde la velocidad ha aumen- tado al extremo de superar la velocidad manejable y repre- sentable por el hombre del humanismo, pareciera ser que lo que era excepcional se ha incorporado como rasgo de una nueva realidad, una realidad que es pura aceleración.

El ojo ya no ve, y la mano ya no hace si no puede ver. Pero, ¿a qué se puede deber esta extrema aceleración?

Abreviadamente: el tiempo de la historia era también el ti- empo de un tipo de capitalismo que no se corresponde de- masiado con el comportamiento del capitalismo de la crisis de mediados de los setenta para acá. Un capitalismo cada vez menos productivo y cada vez más financiero, del con- sumo y los servicios. Y este capitalismo no solo hace mundo sino que produce su propia humanidad.

Vivimos en una discontinuidad que vuelve inútil una por- ción importante de pasado, aunque no todo. Lo difícil es discriminar qué es lo que continúa y qué es lo que ya ca- ducó. ¿Podemos seguir enfrentando las nuevas realidades históricamente?

Una duda angustiante

El problema con el historicismo en nuestro tiempo -ahora se puede ver- es que seguiría insistiendo con un dudoso relato: allí donde los hombres y mujeres se representan las relaciones de explotación como naturales se pretende ar- bitrariamente detener la historia para la dominación, luego el intelectual crítico viene, saca la sábana al fantasma y la historia sigue. Pero, y esta es mi pregunta, ¿qué pasaría si la verdadera novedad de hoy fuera el que el mundo ha deve-

nido ahistórico, que si bien este estado de mundo pudiera haber sido un fenómeno producido humanamente,[6] se nos hubiera escapado de las manos y ya no fuera modifica- ble humanamente, al menos como tal como había pasado otras veces en la historia? ¿Se puede plantear algo así sin ser conservador, sin haber abandonado la tradición crítica?

¿No nos estaremos asomando a un tipo de novedad radical que no se puede captar ya con la crítica historicista, una novedad que por indeseable no sería menos real? La críti- ca historicista, de “crítica” ¿no pasaría ahora a encubrir un nuevo rasgo de la realidad?

Marx, Gramsci. Pero ahora Pasolini:

“Es cosa sabida que cuando los “explotadores” (por me- dio de los “explotados”) producen mercancías, producen en realidad humanidad (relaciones sociales).

Los “explotadores” de la Segunda revolución industri- al (también llamada Consumismo; es decir: grandes can- tidades, bienes superfluos, función hedonista) producen nuevas mercancías; de modo que producen nueva humani- dad (nuevas relaciones sociales).

Ahora bien: durante los casi dos siglos de su historia, la Primera revolución industrial produjo siempre relaciones sociales modificables. ¿La prueba? La prueba viene dada por la substancial certidumbre de la modificabilidad de las relaciones sociales de quienes luchaban en nombre de la alteridad revolucionaria [...]

Pero ¿y si la Segunda revolución industrial -mediante las posibilidades nuevas, inmensas, de que se ha dotado- pro- dujera en lo sucesivo “relaciones sociales” inmodificables? Ésta es la gran y quizá trágica cuestión que planteo hoy. Pues tal es, en definitiva, el sentido del aburguesamiento total que se está produciendo en todos los países: defini- tivamente en los grandes países capitalistas, y dramática- mente en Italia.

Desde este punto de vista, las perspectivas del capital parecen de color de rosa. Las necesidades inducidas por el viejo capitalismo eran, en el fondo, muy parecidas a las necesidades primarias. Por el contrario, las necesidades que el nuevo capitalismo puede inducir son total y perfect- amente inútiles y artificiales. He aquí por qué a través de ellas el nuevo capitalismo no se limitará a cambiar históri- camente un tipo de hombre sino a la humanidad misma”.[7]

Si no se trata del arribo histórico de lo natural, al menos si se trataría hoy de la toma de conciencia -desilusión me- diante- de que los cambios demorarán mucho, de que las estructuras históricas son bloques que podemos aspirar a modificar cuando ellos mismos se resquebrajan, que la

transformación social pocas veces es algo inminente, que nuestra educación en los códigos de la publicidad, la ve- locidad del consumo y el inmediatismo del goce hedonista nos hacen menos sensibles a los análisis de largo aliento, a confrontar “la historia en grande” (Kant) con la escala del individuo.

[1] Sobre este fenómeno en particular y los planteamien- tos posthumanistas la bibliografía es extensa. Por moti- vos de espacio remitiría por ahora solo a la obra de Rosi Braidotti, Lo posthumano, Barcelona, Gedisa, 2015. Acaba de aparecer en nuestro medio el libro de Adriana Valdés, Redefinir lo humano: las humanidades en el siglo XXI, Uni- versidad de Valparaíso, 2017. Ver también los postulados sobre los límites de la escala humanista de la historia en Sergio Rojas, El arte agotado, Santiago, Sangría, 2012. Creo insoslayable, sobre la relación del neoliberalismo con las nuevas tecnologías, fármacos y la producción de nueva hu- manidad, la obra de Byl-Chul Han, principalmente sus li- bros: Psicopolítica, La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia y El aroma del tiempo (todos publicados en la colección Pensamiento Herder dirigida por el filósofo español Manuel Cruz). Existen interesantes postulados a este respecto también en la obra de Bruno Latour, para una primera aproximación a sus ideas en este orden es útil su entrevista: “No estaba escrito que la ecología fuera un par- tido”, El País, Madrid, 25 de marzo de 2013.

[2] Ver el reciente libro de Osvaldo Fernández, De Feuer- bach al materialismo histórico: una lectura de las tesis de Marx, Concepción, Perseo / Escaparate Ediciones, 2016.

[3] Marx, Karl, Miseria de la filosofía. Contestación a la “Fi- losofía de la miseria” de Proudhom, Navarra, Ediciones Fo- lio, Navarra, 1999.

[4] Gramsci, Antonio, Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno, Buenos Aires, Nueva Visión, 2004.

[5] Al respecto ver Luis Villoro, Pensamiento moderno. Filo- sofía del renacimiento, México, Fondo de Cultura Económi- ca, 2010.

[6] Se recordará acá la reflexión de Heidegger sobre la técnica.

[7] Pasolini, Pier Paolo, “Intervención en el congreso del partido radical”, en Cartas luteranas, Madrid, Trotta, 2010, pp. 174-175.

Colabora

Cuadernos de Educación es una pub- licación periódica especializada en el ámbito de la Educación, con inscripción ISSN: 0719-0271.

Si desea publicar un artículo en uno de nuestros números, por favor lea lo sigu- iente:

* Envía tu propuesta (ensayo, crítica, opinión, artículo periodístico, capítulo de tesis, abstract de trabajo académico, ilustraciones, fotos, etcétera) al correo cuadernosdeeducacionegmail.com

* El título del artículo será el asunto del correo electrónico.

* Puedes enviar más de una propuesta sobre el mismo o diversos temas.

* Los trabajos que envíes deben estar en formato .doc o .docx. No hay límite de cuartillas mínimas o máximas. llus- traciones o fotos usarán formato .jpg de baja resolución, en dado caso que sean aprobadas para su publicación se re- querirán archivos de alta resolución.

*

Incluye estos datos en el correo: nombre completo, tema que aborda el artículo, pequeña semblanza biográfica (un párrafo máximo).

* Esta convocatoria se encuentra abierta todo el año.

* Se debe respetar la autoría y la extrac- ción de fuente citando bajo norma APA.

Cualquier duda respecto a esta convoca- toria, envía un correo a cuadernosdeed- ucacionOgmail.com No todos los tra- bajos que recibimos son publicados, en caso de que si lo sean, recibirá una notifi- cación por correo electrónico avisando del número y fecha en que aparecerá su

artículo.

Cómite Editorial